Magritte redivivo

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Me gustan las ventanas. Me gusta mirar por ellas. De dentro hacia fuera. Pero sobre todo, de fuera hacia dentro. No es afán de cotilleo, no. No quiero saber qué hace la gente en la intimidad de su hogar, cuando piensa que nadie les mira. Ni siquiera me interesa ver a los dueños de cada ventana. Yo lo que quiero es imaginar, y lo que se ve a través de una ventana puede llegar a ser el mejor de los escenarios: un trozo de pared, una moldura en el techo, una lámpara… una estantería, una cama deshecha, un cubo y una fregona apoyada en una esquina. Un trozo de sofá y la luz que emite la tele o el ordenador… un gato en un alfeizar, la jaula de un periquito, la cortina recogida de una cocina. Todo son historias, o retazos de historias que inventar.

El verano es una época ideal para el avistamiento de historias de este tipo: ventanas abiertas con la esperanza de que entre un poco de aire, persianas levantadas con el mismo fin… hasta el más leve visillo es quitado de en medio. Y con ese aire inexistente van mezcladas las miradas: qué felicidad caminar por la calle (sobre todo por la noche. Las luces encendidas inspiran a la imaginación) y descubrir allí arriba, en el segundo o el tercer piso, una pared pintada de azul y una lámpara de lágrimas.

De vez en cuando, además, te llevas un regalo, os cuento: los que habéis visto alguna foto de las que he publicado de algún atardecer sabéis que, más acá de en un horizonte precioso, vivo en un patio gris rodeado de pisos grises. En uno de ellos, la otra mañana, tan temprano que apenas empezaba a clarear la noche, había un balcón abierto. Dentro, una luz encendida. No sé qué tipo de lámpara sería, ni dónde estaba colocada, pero, al menos desde donde yo estaba, daba la sensación de ser luz natural, luz del día que entrase en ese salón a través de una claraboya en el techo, lo cual es imposible, porque no existe tal claraboya (y sí un piso encima) y porque esa luz dulce de media mañana no se correspondía con la oscuridad que había fuera.

Como os digo, la luz era preciosa, pero más hermoso era el conjunto: me acordé enseguida de Magritte y su Imperio de la luz, solo que en esta ocasión era el día lo que permanecía en la casa mientras la oscuridad reinaba fuera.

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One Comment on "Magritte redivivo"

  1. indiando
    21/08/2014 at 17:17 Permalink

    Lo tuyo no son ojos… lo tuyo es un espacio de recoger y a la vez de ofrecer…

    Achuchones…

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