Historias de cafetería #29

D0C9874manreadingcafe

Don Enrique desayuna todos los días en la misma cafetería que yo. Llega arrastrando los pies (no hace mucho que ha comenzado a arrastrarlos), con sus pasitos cortos y una bolsa de plástico en la mano. Acaba de comprar el periódico en el kiosco de la esquina y entra en el bar dando los buenos días a la dueña. De una mirada comprueba si su sitio está vacío. Si no es así, escudriña hasta que encuentra la mejor opción posible. Porque a don Enrique le gusta, en la cafetería, el mismo sitio que a mí: al fondo de la barra, casi detrás de la máquina del café. Es un sitio un poco más recogido, más tranquilo a pesar del ruido que hace el calentador de leche y el molinillo. Además, los expositores de tapas y dulces no le restan espacio a la barra y queda el suficiente para abrir un libro o desplegar un periódico. El rincón de los lectores, lo llama don Enrique. Cuando llega allí, instala su tenderete: saca el periódico de la bolsa, un bolígrafo de algún bolsillo, las pequeñas gafas de lectura de su funda… Mientras tanto, María ya le ha puesto, en una esquinita, un vaso de agua, el café con leche y la tostada. A las porciones de mantequilla y mermelada les ha quitado su tapita metálica, que a don Enrique lo del abre-fácil le cuesta. Él, con parsimonia de koala, va dando cuenta de todo ello: primero el agua, luego untar el pan, que corta a pequeños trozos de bocado para que nada le interrumpa la lectura. Así, va desayunando, al mismo tiempo que va leyendo el diario y haciendo algunas anotaciones en los márgenes. Algunas noticias las comenta para sí mismo, poniendo su voz de motor diésel en modo susurro.

Años de práctica le han dado la sincronización perfecta: el último bocado de pan corresponde al volteo de la última página del diario y éste, a su vez, al último sorbo de café. Don Enrique dobla meticulosamente el periódico, vuelve a meterlo en la bolsa de plástico, a la que hace un nudo, y le pide a María, la dueña, que se lo guarde hasta que vuelva de su paseo matutino.

Algunas veces me adelanto y cuando llega don Enrique a la cafetería estoy yo en el rincón de los lectores. Entonces, amablemente, le ofrezco cederle el sitio. Él, amablemente, declina la invitación y se arrellana en el taburete a mi lado. Comenta algo de mi lectura y comienza a instalar su tenderete: saca el periódico de la bolsa, un bolígrafo de algún bolsillo, las pequeñas gafas de lectura de su funda…

La imagen, de aquí

Trackback URL

2 Comments on "Historias de cafetería #29"

  1. Malatesta
    20/04/2016 at 21:45 Permalink

    Qué bien escribes, chiquilla. En pocas líneas consigues que el lector se encariñe con el personaje.

  2. ampharou
    21/04/2016 at 11:34 Permalink

    Muchas gracias, Malatesta. La verdad es que el señor es un encanto, y los dos tenemos el mal vicio de ir a desayunar cuando la cafetería está llena y además, ¡pretendemos leer mientras desayunamos!

    Besines, guapetón!

Hi Stranger, leave a comment:

ALLOWED XHTML TAGS:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Subscribe to Comments